En este tiempo de gracia y de renovación, como Vida Consagrada con el espíritu y signo eclesial, queremos caminar junt@s, en este itinerario sinodal “por una Iglesia comunión, participación y misión” convocada por el Papa Francisco.
En su camino de revitalización, la Vida Consagrada ha apostado por una renovada pasión por Jesucristo y por la humanidad, asumida desde la riqueza de los carismas y a la luz de la Palabra de Dios, para responder al llamado perenne a optar por los más pobres y excluidos de la sociedad. Su compromiso se comprende en categorías de mística y profetismo, dos pulmones necesarios para la sinodalidad, para oxigenar este caminar junt@s con la intención de involucrar a todas las comunidades en comunión con la Arquidiócesis.
La Vida Consagrada, en sus distintos carismas y modos de vida, su ser y hacer tienen sentido en y para la Iglesia. Participamos de estos dones y carismas dando vida en los diferentes derroteros donde están presentes en la Iglesia Local. Por ellos, en este caminar junt@s como Arquidiócesis de Monterrey, les invito a que estén atentos y atentas a las iniciativas de las diferentes presencias pastorales (decanatos, zonas de pastoral, vicarías) para ser signos de comunión, característica esencial de la Vida Consagrada. El Papa Francisco nos alienta para que este camino sinodal lo realicen todos y todas, y dice: un proceso sinodal pleno se realizará de forma auténtica sólo si se implican a las Iglesias particulares.
Para ello, es fundamental que estén en comunicación con las diferentes áreas de pastoral de la Arquidiócesis: decanatos, zonas de pastoral; además, de las diferentes comunicaciones que, por medio de las redes sociales ofrecen los programas y actividades de este camino sinodal.
Su participación es necesaria y oportuna para hacer presencia y aportar desde la riqueza que cada carisma tiene y así hacer posible el caminar con el pueblo de Dios.